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La música sacra del Renacimiento español: Victoria, Guerrero, Morales

En relación con el post anterior, he reestructurado un poco los contenidos, que espero que sean de vuestro agrado

En el siglo XVI España era una potencia mundial, y también en el arte y la cultura. En la Música, dio nombres como los de Cristóbal de Morales, Francisco Guerrero y Tomás Luís de Victoria.

Políticamente, marcaron este siglo los reyes Carlos I y Felipe II. Ambos tomaron decisiones importantes para la música española del momento. Carlos I creó los puentes necesarios para que llegaran a España músicos influyentes del norte de Europa, principalmente Alemania y Flandes, que trajeron consigo el bagaje de su propio país y el de otros como Francia e Italia, ya que a su vez ahí habían cristalizado influencias de otras zonas. Gombert, por ejemplo, fue maestro de Tomás Luís de Victoria.

Felipe II, por su parte, promovió el arte en la medida que cabía esperar de un imperio como el español, teniendo claro el potencial propagandístico de la cultura en el exterior. En lo religioso, se alineó con el Papa frente a los movimientos reformistas y dio apoyo activo al concilio de Trento. Todos estos ingredientes se tradujeron en música incentivando la composición de carácter religioso. De ahí que no resulte complicado hallar obras de temática sacra a la hora de hacer conciertos con música española de la época.

Sea como fuere, Morales, De Victoria y Guerrero fueron tres músicos excepcionales. Los dos primeros llegaron a residir durante años en Roma, que era la mayor aspiración que podía tener un músico en su época. Morales fue cantor de la Capilla Sixtina durante 10 años y De Victoria estuvo en Roma conociendo de cerca la obra de compositores como Palestrina. Al volver a España, ambos trajeron consigo una manera de hacer música que les dio renombre dentro y fuera del país.

Por el contrario, Guerrero viajó menos fuera de nuestras fronteras y cuando lo hizo fue siendo ya mayor y para peregrinar a Tierra Santa. Fue así como tuvo más contacto con la música popular y se lanzó a hacer algo que era más propio de los protestantes que de los músicos de un país contrarreformista: crear repertorio sacro en lengua vernácula. Las villanescas espirituales, con textos en castellano, son un hito en la época, por el idioma y porque en algunos casos dejan entrever maneras de componer que serán propias del Barroco. En efecto, en algunas de ellas en el contrapunto asoman líneas que hacen pensar en melodías con acompañamiento en un estado, eso sí, muy embrionario.

Sobre el carácter de esta música, y sobre cómo escucharla y apreciarla, hagan un ejercicio: escucharla con oídos del siglo XVI y no del siglo XXI. Hoy estamos acostumbrados a escuchar todo tipo de música a cualquier hora, con mp3, spotify, o la radio. En cambio, hace 400 o 500 años, cuando alguien escuchó estas mismas obras, lo hizo siendo consciente de que iba a ser la música más elaborada y más bella que escucharía a lo largo de toda su vida.
Intenten, pues, escuchar esta música como si no hubiesen oído nada más antes, con oídos del siglo XVI y no del XXI, y disfruten de la selección.

Ver la luz

Sé que muchos de vosotros estáis deseosos de que pasen algunas semanitas y lleguen las vacaciones. Por eso he pensado este post para intentar echaros un capote: música de aquella para cerrar los ojos y transportarse durante un ratito en el que todo parece perfecto. Para lograrlo, vamos a seguir el repertorio que el amigo Daniel de la Puente está trabajando estos días en Tres Cantos (Madrid), y que contiene verdaderas joyas de la música renacentista española. Se trata de músicas dedicadas a la Virgen, que independientemente de la fe que se profese hoy en día, nos ayudan sin lugar a dudas a encontrar un poco de paz:

El siglo XVI español está marcado por los reinados de Carlos I y Felipe II. En el ámbito de la música, el primero hizo llegar a España la influencia de la polifonía que se estaba haciendo en el norte de Europa. El segundo fue un gran promotor de las artes, consciente del potencial propagandístico que tenían para el imperio que heredó. Por ello, al posicionarse del lado del Papa en el Concilio de Trento contra Lutero y los protestantes, se aseguró de que la música sacra acorde con el rito romana tuviera una calidad indiscutible. Es en este contexto donde se entiende mejor que Guerrero, Morales y sobre todo Tomás Luís de Victoria llegaran a hacer músicas tan maravillosas como éstas:

Con todo, por mucho que se quisiera evitar, alguna influencia de los reformistas era imparable. Sobre todo en lo que se refería a traducir a lenguas vernáculas los textos latinos o componer directamente canciones de temática religiosa en idiomas que no fuesen el latín. En el caso de Francisco Guerrero, esto se plasmó en las maravillosas villanescas espirituales:

También de Guerrero, es muy recomendable este motete:

A toda esta música hay que dedicarle tiempo: escucharla con calma, degustándola… No con oídos de hoy, llenos de tanto ruido, sino con oídos del siglo XVI, que tenían en las iglesias una de las pocas vías de escuchar música. Los compositores, pues, tenían que trasladar el mensaje divino con sonidos que estuviesen a la altura, y esta selección demuestra que en España lo lograban con creces. Olvidad, pues, el mundanal ruido por un rato, y hallad un remanso de paz en esta música verdaderamente divina. ¡Y que lleguen pronto esas vacaciones!

De amor, de vida, de muerte (y IV)

El programa del próximo concierto del Coro Ciudad de Tres Cantos concluye con dos obras maravillosas de Claudio Monteverdi: la Sestina y Hor che’l ciel e la terra.

El renovador de la música en el siglo XVII fue capaz de llevar al extremo la expresión de los sentimientos en sus madrigales. Su Sestina, también conocida como Lágrimas de amante ante el sepulcro de la amada es un excelente ejemplo. Baste observar cómo se recrea en palabras como llanto, fuego, tormento o dolor. La obra está dedicada a la soprano que iba a estrenar la ópera L’Arianna, que murió cuando aún estaban ensayando para su estreno. A modo de ejemplo, baste escuchar cómo viste la palabra “tormentato” en este fragmento donde explica cómo oscila el amante lloroso entre el dolor y la ira;

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El stile concitato es aún más acentuado en el madrigal Hor che’l ciel e la terra, sobre un texto de Petrarca. Empieza con un arrullo que nos sitúa al inicio de la noche. En ese momento, en el que reina el silencio, el amante sufre pensando en su amor no correspondido. Palabras como “silencio” o “serenar” dejan paso a “arder” y “llorar” para acabar llegando a “guerra”. Cada una de ellas recibe un tratamiento personalizado que convierte esta obra en un auténtico cúmulo de emociones, y que estallan al proclamar, al final “vivo en estado de guerra”:

De amor, de vida, de muerte (III)

Seguimos con el Coro Ciudad de Tres Cantos, con una magnífica Ensalada:

La originalidad y frescura de la música española se pone de manifiesto en uno de los grandes géneros del siglo XVI, llamado: la Ensalada. Recibe este nombre porque en cada una de estas composiciones se mezclan, convenientemente aliñados, ingredientes de todo tipo: varios idiomas, diferentes métricas, registros, ritmos, polifonía y monodia, recursos cómicos y partes serias, lo sacro, lo profano… Una auténtica delicia de la que Mateo Flecha “El Viejo” fue el mejor maestro.

En El fuego oiremos gritos de alarma y campanas tañendo, canciones e invocaciones sacras: se trata de que alguien traiga agua para apagar un fuego. Concretamente, el fuego del pecado que abrasa la raza humana. Finalmente, es la Virgen la que trae esta agua en forma del niño Jesús, que ha venido al mundo a redimirnos. Un argumento, pues, que abre la puerta a un tratamiento musical bien diverso.

Si os quedan ganas de más Ensaladas, aunque no figuren en el programa, una buena opción es La Bomba. Ya que os gustaron los King’s Singers del otro día…

De amor, de vida, de muerte (II)

Seguimos con la versión online del programa del próximo concierto del Coro Ciudad de Tres Cantos.

Mención aparte y especial merece el repertorio instrumental que proponen, en el que se combina uno de los géneros más peculiares y más libres del repertorio anterior al barroco, las variaciones sobre una melodía, con el efectismo de una battaglia y el equilibrio de las composiciones que fueron precursoras de la célebre forma de sonata.

En España, las variaciones se llamaron Diferencias. Como pasó en Italia, hubo algunas melodías que se situaron en el top-10 de la época y eran usadas hasta la saciedad por los compositores, mutándolas una y otra vez, buscando sorprender al público con alardes de imaginación, instrumentaciones experimentales, etc. El gran hit español fue la melodía conocida como “Guárdame las vacas”, de la que el maestro Antonio de Cabezón hizo estas variaciones:

Un poco más tarde, dos piezas del napolitano Andrea Falconiero, que trabajó también en España, nos dan la réplica italiana a la música española. Las Folias echas para mi senora doña Tarolilla de Carallenos son variaciones sobre un tema popular llamado La Follia, equivalente a nuestras Vacas y procedente de una danza portuguesa. Probablemente las Follias más conocidas son las de Corelli, pero lo cierto es que pocos compositores italianos de los siglos XV y XVI dejaron de hacer su versión de la melodía.

Por su parte, la Battaglia es otro de los géneros profusamente explotados. Se trata de reproducir musicalmente los sonidos de un campo de batalla. Cuando componen battaglie, los compositores dan rienda suelta a su imaginación y a todos los recursos de los que disponen para recrear desfiles militares, ataques, galopes y auténticas carnicerías a golpe de violín, flauta o del instrumento que se tercie. Debidamente acompañados de una contundente percusión, claro está.

Y entre madrigal y madrigal, una sonata de Dario Castello, uno de los muchos grandes compositores de la escuela veneciana quedaron eclipsados por la figura de Claudio Monteverdi. De Castello, sabemos poco más que trabajó en San Marco, donde Monteverdi fue maestro de capilla. Su música, plenamente barroca, técnicamente exigente, apunta a algunas características que acabarán siendo propias del período clásico. El ejemplo más claro: en algunas ocasiones empieza a especificar para qué instrumentos compone una obra. Algo poco usual en los músicos de su generación.