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Ceremonia de luz para Montserrat Figueras

Articulo publicado en Revista Musical Catalana, podéis ver la versión original aquí

 

Es una quimera tratar de resumir en un texto lo que se vivió el pasado 30 de enero, por la noche, en Santa María del Mar. El homenaje a la soprano Montserrat Figueras creó una atmósfera digna de la ocasión, con su voz grabada volviendo a resonar entre las naves y las columnas que tantas veces fueron testigos de su arte en directo. Hubo mucho sentimiento, muy buena música y mucha, mucha luz: luz de las velas situadas ante el altar y el balcón del crucero donde Figueras había cantado tantas veces, y la luz interior de la cantante, nexo común de los cuatro parlamentos que glosaron su figura.

La luz, también, que aportó mucha música que, como dijo Jordi Savall, ella “recuperó de la oscuridad”. Como si fuera la noche de Navidad, las naves de Santa María del Mar se llenaron para escuchar el Canto de la Sibila. Media hora antes del inicio del homenaje, la basílica ya estaba llena y empezaban a faltar sillas plegables para acomodar los amigos y admiradores que se acercaron.

La voz de esta “amiga, compañera, amante, madre, maestra, musa, consejera”, como la definió el mismo Savall, resonó desde su balcón mientras La Capella Reial y Hespèrion XXI le acompañaban con un repertorio cuidadosamente elegido. Lamentaciones con uduk y kemençe, con música armenia y sefardí, el cancionero de Montecassino (Adoramus te, Domine) y Cristóbal de Morales completaron la selección, antes de que la ceremonia se concluyera con otra grabación, la de la canción de cuna La mare de Déu, en recuerdo de estas músicas para dormir niños hacia las que la soprano tenía un afecto especial.

Toda esta música fue acompañada por los parlamentos del mismo Savall, y también de los poetas Carles Duarte, quien destacó que “Figueras fue más allá del perfil estricto de un intérprete por su dimensión humana”, así como por “la trayectoria de trabajo intenso y voluntad de rigor “, y Manuel Forcano, que le dedicó un extenso agradecimiento “por el misterio y la magia con que cantaste” y por “como las sibilas, llevar luz entre los velos de la oscuridad”.

“Casi sentimos tu presencia”, dijo Anna Gispert. Ciertamente. A algunos nos pareció verla subida al órgano mientras La Capilla Real de Cataluña cantaba el Circumdederunt me gemitus mortis de Cristóbal de Morales. Lo que no sabemos es si ella volvió o si nosotros fuimos a hacerle compañía un rato. En todo caso, durante una hora y media estuvimos en un mundo mejor, y fue, una vez más, gracias a Montserrat Figueras.