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Los artículos de Pep Gorgori Palabra de Músico sobre Música para instrumentos de tecla solos

Chopin

Es curioso ver cómo nuestros gustos musicales van cambiando a lo largo de la vida. Si os paráis a pensar, seguramente hay músicas que ahora consideráis imprescindibles y que hace un tiempo ni tan siquiera conocíais. A veces una música entra en nuestras vidas y, sin que sepamos cómo ni por qué, se quedan a pasar una buena temporada, quizás para siempre. Incluso pueden ser melodías que siempre habíamos tenido delante y hasta ese día simplemente habíamos ignorado. También pasa al revés: músicas que nos han acompañado durante una etapa van quedando arrinconadas. PARA SEGUIR LEYENDO, PINCHA AQUÍ

 

17 de diciembre: Messiaen, La Nativité du Seigneur I. La Vierge et l’Enfant

Cada Calendario de Adviento, el día que publico música de Messiaen encuentro a alguien que me dice aquello de “no sé, no sé…” Pero la verdad es que no me resisto a incluir a este compositor francés año tras año. A mí me gusta, y mucho. Su obra para órgano necesita ser degustada con mucha calma, atención y esfuerzo, y es así de inspiradora:

El storytelling y la forma sonata

De acuerdo, mirado fríamente el título da ganas de cambiar de página web y largarse a cualquier otra parte de internet, pero los lectores habituales ya saben que en este rincón se explican amable y amenamente relaciones entre conceptos que según como se miren pueden parecer distantes. Vamos, pues a ello.

Los expertos en comunicación llaman storytelling a lo que toda la vida ha sido contar historias. O si lo prefieren, contar cuentos. Fue patrimonio de juglares, trobadores, rapsodas y abuelos de muchas generaciones. Ahora se aplica a la comunicación política, la comunicación de marcas y a cuanto proceso implique contar algo a alguien. Cosas de la modernidad.

La idea, con todo, es siempre la misma. Explicar algo, sea verdad o mentira, de una manera atractiva para quien nos escucha.

En esta simple frase os he dado la clave. La música es también lenguaje y comunicación de emisor a receptor, de manera que a lo largo de la historia se han buscado diferentes estructuras que permitan al público de un concierto orientarse a lo largo de la interpretación de una obra musical. Es lo que llamamos formas musicales, y una de las formas-estrella es la forma de sonata.

Se puede hablar mucho de sus orígenes y evolución, pero el canon vendría a ser a grosso modo: una melodía que se repite dos veces, un desarrollo de dicha melodía y una reexposición de la melodía original, con algún leve ornamento. De esta manera se consigue en la música (especialmente de finales del siglo XVIII) que nos sintamos cómodos en todo momento, con una melodía que nos suena e incluso se nos pega, y sepamos cuándo nos aproximamos al final. Como en un relato con el clásico esquema de introducción, nudo y desenlace. Igualito.

Si han llegado a leer hasta aquí es que el tema les interesa. Por lo tanto, premio: a la forma sonata pertenece esta obra donde queda claro que Mozart era un gran storyteller (como lo era también Alicia de Larrocha):

20 de diciembre: Regard des prophètes, des bergers et des Mages, de Messiaen

Sé que no a todos los seguidores y seguidoras de Palabra de Músico os gusta Olivier Messiaen, pero yo no cejo en mi empeño de que descubráis su música. Sus Vingt regards sur l’Enfant-Jésus, donde describe mediante el piano veinte miradas al recién nacido en el pesebre, son impresionantes. Las escribió en París, entre bombardeo y bombardeo, durante la ocupación alemana. He aquí la mirada que lanzan a Jesús los profetas, los pastores y los reyes magos:

Órganos barrocos de la provincia de Valladolid (et al.)

Ha sido este un verano muy organístico. Me explico. Empecé con una entrevista a la organista Montserrat Torrent para la Revista Musical Catalana de la que pronto os daré cuenta (una maravilla de mujer que podríamos decir que es la madre espiritual de toda una generación de organistas) y proseguí con la lectura del libro de un amigo, Ignacio Nieto, que ha tenido el valor de catalogar y describir el estado en que se encuentra cada uno de estos 88 instrumentos de las iglesias de Valladolid. Completado esto con las visitas veraniegas a numerosas iglesias y catedrales que pese a tener órganos restaurados no les sacan todo el partido que podrían (¡la madre, cómo cuesta oir tañer un órgano en España!), tengo ahora que llega septiembre sentimientos contrapuestos: tristeza de ver tanto patrimonio desarmado y esperanza de que con el tiempo las cosas vayan a mejor…

Por un lado, el libro de Ignacio Nieto es un motivo de alegría porque actualiza el estudio sobre los órganos que hizo en 1980 Jesús Ángel de la Lama y constata que hemos mejorado un poquito. El mismo De la Lama explica en el prólogo que si entonces el catálogo fue poco menos que una partida de defunción de estos instrumentos, el estudio de Nieto es una partida de resurrección de muchos de ellos, ya que en tres décadas algunos han sido restaurados y recuperados.

Eso anima, sin duda, pero no es menos cierto que el estudio, con fotos incluídas, hace visible el deplorable estado en que se encuentran los antaño preciosos instrumentos que decoraban los espacios con su presencia y las liturgias con su música. Situación que obviamente se da no sólo en Valladolid sino en España entera. Así, al lado de los órganos renovados (precioso el de las Huelgas, o el de Alaejos), vemos otros que han perdido tubos, teclas, registros… sea por la acción humana, sea como pasto de las polillas.

Sea como fuere, el volumen pone de manifiesto que Nacho es miembro de la nutrida hornada de musicólogos jóvenes que trabajan con rigor y talento por hacer toda la tarea atrasada que hay en esta disciplina en España. Queda mucho por hacer, pero queda claro que al menos tenemos las ganas y el potencial para actuar con tino. Felicidades, pues, por este volumen, que tiene que servir para animarnos a apreciar un poquito más nuestro patrimonio musical: restaurar órganos y hacer que suenen, he ahí algo tan simple de pedir y taaaaaan complicado de lograr.

De premio para los que hayáis leído hasta aquí, nada mejor que oír a Montserrat Torrent interpretando a Cabezón:

Estudio Op 10, Nº 12, de Chopin

En 1825 Frederic Chopin empezó a componer sus estudios para piano Op. 10. Resulta difícil saber si era consciente de ello, pero con estas composiciones marcó un antes y un después en la manera de tocar el piano. Es el “virtuosismo transformado” del que habla Charles Rosen (The romantic generation).

Aparte de los ratos en los que tocan en público, los pianistas (como cualquier otro solista) pasan buena parte de su tiempo de formación y estudio mejorando la técnica mediante este tipo de composiciones llamados “estudios”. Mayoritariamente son ejercicios repetitivos cuyo estudio sistemàtico permite vencer las dificultades propias de tocar el instrumento. Pero los de Chopin son diferentes. Tantos los del Op 10 como los del Op 25 exigen que el pianista no solamente digite bien y tenga dedos ágiles (dominando la técnica del “punto de apoyo, que resume bien Luca Chiantore): requieren además un esfuerzo interpretativo para trasladar la riqueza de sus melodías casi ocultas y sus acompañamientos aún más intrincados de lo que parecen.

Por eso, es aún hoy frecuente escucharlos en salas de conciertos: son obras técnicas, pero bien tocadas son sin duda piezas de concierto, al mismo nivel que sus preludios, valses, conciertos y sonatas.

No podemos saber hasta qué punto era consciente de estar revolucionando la técnica, pero el caso es que uno de ellos, el número 12 del Op 10, ha llegado a la posteridad con el sobrenombre de “Estudio de la Revolución”, o “Revolucionario”, en referencia a los momentos históricos de la política internacional de los que fue testigo el compositor. Seguro que os suena!

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Chopin: Estudio Op. 10, Nº 12, por Maurizio Pollini